--¿Tienes lumbre?-- me dijo. Eché un vistazo rápido. Lo primero que noté fue el aroma podrido, no se había bañado en al menos dos días. Sus dientes amarillos, quebrados por alguna clase de pelea y mala higiene. El bigote y barba sin rasurar, aun así, no había mucho pelo facial; primero le calculé unos 20 años, pero luego noté marcas viejas de acné en su rostro. 26 años. Una sudadera blanca, llena de tierra, como si acabara de levantarse de alguna banqueta. Pantalones rotos, sucios también. Estaba sobre una bicicleta, se paraba sobre su pierna derecha, tambaleaba un poco. Luego, sus tenis nuevos. Esos tenis brillaban en contraste con el negro de la calle. Tenis Nike blancos, con una linea color azul metálico. Y lo que mas me aterró era que podía ver como se doblaba la punta del pie que tenía sobre el pedal, era desproporcionada con la figura del pie, no eran sus tenis.
--¿Lumbre?-- Pregunté solo para ver como reaccionaba a mi voz. --Si, lumbre, pa' prender este cigarro.-- Respondió con las manos vacías. Metió su mano a la bolsa de la sudadera, sacó una navaja y un cigarro. Toda la sangre se me fue a los pies, estaba listo para correr. Luego guardó la navaja, tenía una cara de descontento. No se suponía que viera la navaja. Tal vez esos tenis eran recién robados y ahora yo era testigo. Le dije que no, y se fue, simplemente se fue.
Iba en camino a visitar a la que ahora es mi exnovia. Era un camino largo que caminaba la mayoría de los días de la semana. Bajo el sol, que ahora se estaba poniendo.
Caminaba por el callejón mas estrecho y largo por el que he caminado. Medía unos 120 metros de largo y 3 de ancho. Difícilmente pasaba un auto. Sin banqueta. Solo una dirección a cual ir. Por suerte, o así lo parecía, yo iba a pie.
Faltando unos 10 metros para llegar al final. Apareció mi viejo amigo en bicicleta, el hombre lumbre. Iba a toda velocidad hacia mi, no me moví, ni si quiera parpadee. Quería aparentar seguridad. Frenó justo frente a mi. Con la bicicleta de lado, sosteniéndose una vez mas sobre su pie derecho. --¡Ahora si morro, ya perdiste el celular!-- Gritó, mientras me tomaba de la camiseta. "Esto no me pasaría si trajera un encendedor", pensé.
26 años, de mi estatura, nudillos cicatrizados, una navaja; no tenía oportunidad. Mi mente entró en un estado zen. Como si estuviera a punto de morir. Estaba asustado, pero no entré en pánico. Podía pensar, todo era en cámara lenta, o al menos así lo veía yo. Mientras mas pensaba, y me daba cuenta de lo que estaba pasando, el mundo volvía a su velocidad normal. Noté que su mano estaba vacía, recordé que su zapato era gigante, y también que se tambaleaba.
Lo empujé con todo mi cuerpo, mientras robaba su navaja de su sudadera. Cayó como un tronco. Corrí en la dirección contraria, que estúpido fui. Se levantó como si estuviera echo de ligas de hule. Solo rebotó, no se como. Tiré la navaja lo mas fuerte que pude. Esa cosa no iba a servirme de nada, si me alcanzaba, estaba seguro de que me la iba a quitar. Corrió detrás de mi, sin la bicicleta, que estúpido fue. Faltaba poco para llegar al final del callejón. Venía a toda velocidad, y ahora venía encabronado.
Apenas salí del callejón, giré hacia la derecha. Tres segundos. Conté seis personas afuera, en un abarrotes, a una cuadra de distancia. Miré hacia el callejón y salté. Aun no se por que. Probé mi suerte como si "romperse" no estuviera en las posibilidades de mis huesos. Lo embestí. Caímos lejos de su bicicleta. Me levanté lo mas rápido que pude, con una rodilla adolorida, troté hacia el abarrotes, quise gritar por ayuda pero mi pecho también estaba lastimado. Como esas mañanas que descubres que toda la noche estuviste dormido boca abajo.
Era lento, era el examen físico en primero de secundaria, todo de nuevo. Miré hacia atrás, el señor lumbre ya se había levantado. Con la cara raspada y la oreja derecha llena de sangre. Un solo ojo abierto. Mi problema era que el no cojeaba. Al ver esto, corrí. Ya nada me dolía. Cualquier raspón o herida que tuviera en ese momento, no iba a doler tanto como cuando me atrapara.
Si el mundo en su momento estuvo en zen, esto era todo lo contrario. Alguien le había puesto FastForward a mi situación. Me alcanzaba... y del cielo, a toda velocidad, un auto en la calle. Sentí su mano sujetar mi camiseta por detrás; y salté. Salté hacia un auto en movimiento para salvar mi vida. La segunda vez que hacía esto en mi vida, y mi tercera vez en el aire ese día. Di una vuelta en el suelo y logré ver como el había saltado en sentido contrario al mio, lo que cualquier persona en su sano juicio haría.
--¿Que te pasó?-- Me dijo un hombre mientras me daba una mano para levantarme. Me levanté. Llamé a emergencias, y me preguntaron si necesitaba una ambulancia. No respondí por algunos segundos, estaba revisándome. Podía respirar, no tenía más que un raspón en una mano, y la rodilla no tan adolorida. Solo enviaron una patrulla. Le dí tantos detalles a los policías que creo que no me creyeron, después de todo, no me habían quitado nada.
Al final solo les pedí dos cosas, que me regalaran un encendedor, y que me llevaran a donde iba.