jueves 2 de febrero de 2012

Razón lógica por la cual no trabajo.

Escribí esto originalmente en el 2009, para una "nota" en Facebook. Si ya sé, nunca sirvieron de nada...



El año tiene 365 días de 24 horas, de las cuales 12 están dedicadas a la noche y hacen 182 días.

Por lo tanto, quedan 183 días para trabajar, menos 52 domingos, quedan 131 días hábiles, menos 52 sábados, quedan 79 días de trabajo.

Pero hay 4 horas diarias dedicadas a las comidas sumando 60 días, lo que quiere decir que quedan 19 días de trabajo.

Pero como usted goza de 15 días de vacaciones, solo quedan 4 días de trabajo, menos aproximadamente 3 días que podemos usar por estar enfermo o hacer diligencias, solo queda 1 día para trabajar.

Pero este 6 de febrero es feriado, y por esa razón, yo no trabajo.






Aunque también soy pésimo en matemáticas, así que quien sabe.

domingo 29 de enero de 2012

Cambio de papeles.

Llámame en exactamente tres minutos, le dije a uno de mis compañeros. Tenía que correr, el profesor estaba a punto de salir de la escuela. Era ahora o nunca. Metí la camiseta en mis pantalones, abotoné mi saco. Corrí como si estuviera corriendo en la sabana con un león detrás mío.

Podía ver como el profesor salía de la escuela por la puerta principal. Cambié mi ruta, salté el cerco por el lugar que todos escapábamos cuando eramos forzados a permanecer en honores a la bandera después de clases. Hice un salto digno de las olimpiadas. ¿Acrofobia, yo?

Llegué a su auto antes que el, solo para pinchar una llanta. Así es, no como venganza, todo era parte de un plan. Dejé caer una credencial de la escuela junto a la llanta. La robé de la billetera de un alumno que parecía recién salido de prisión. El sospechoso perfecto. Me escondí detrás del auto siguiente a ese. Como un cocodrilo esperando a que su presa caiga dentro del lago. Dos minutos cuarenta segundos. El profesor vio la llanta sin aire, una pieza de metal puntiaguda, vieja y oxidada, y una credencial cubierta por un poco de tierra justo enseguida de la llanta.

Su rostro se llenó completamente con la expresión de la ira. De pronto, como si se tratara de un orgasmo, tomó la credencial del suelo con la mano, y empezó a reírse. Batman lo hubiera confundido con el Guasón.

Me dio la espalda por unos segundos, fue ahí cuando me levanté. Tres minutos exactos.

--¡Hey!-- Le grité.
--¿Eh, pasa algo?-- Me respondió.
--Verá, tengo algo importante que decirle, es acerca de un programa de trabajo muy bien pagado en...--
--¿Ah sí?--Dijo mientras yo hablaba, cada vez un poco mas nervioso, pues no había preparado exactamente un dialogo.
--...Chihuahua...-- Tengo una ley muy importante que dice que si alguien escucha Chihuahua, por su cabeza pasan canciones, expresiones y todo tipo de cosas referentes a Chihuahua. Eso me ganaría un poco de tiempo, distracción. Mi celular sonó.
--Disculpe, solo un segundo.-- Le dije mientras contesté el teléfono con un tono algo serio.
--¿Era muy muy importante? Porque tengo algo que ir a hacer ahorita mismo, si quiere le dejo mi número y me dice por teléfono.-- Respondió mientras habría su maletín para sacar papel y pluma.

Escribió su número, me lo dio sin respuesta de mi parte. Yo solo seguía con el teléfono en la oreja. Abrió la puerta de su auto. Esto era crucial para el plan, y ni siquiera sabía si pasaría o no. Puse un trozo de hule largo dentro del seguro de la puerta sin que se diera cuenta. Metió su maletín y cerró la puerta de golpe. --¡Entonces yo le llamo!-- Grité. Quería evitar que escuchara cualquier sonido raro provocado por el hule.

Apenas se fue, abrí la puerta de su auto y saqué el maletín. Si hubiera sido una película de Hollywood, yo hubiera entrado al auto y me hubiera encerrado, el profesor volvería y yo tendría una aventura digna de una película y no de una entrada en el blog.

Busqué entre los papeles, necesitaba la hoja con las calificaciones de mi salón, una hoja maldita, pues todos tuvimos calificaciones idénticas, apenas pasables, pues nunca asistió a clase, nunca enseñó nada, y no creía que mereciéramos algo decente. Se suponía que aun podíamos cambiar nuestra calificación, pero su hoja ya estaba plastificada, yo la había visto, pues intenté negociar con el mi calificación un día antes. Ese mismo día, pedí a su nombre en la dirección de la escuela, una hoja idéntica pero sin llenar. Había pasado la noche inventando nuestras calificaciones y plastificando la hoja, unas calificaciones decentes, apreciables. Cambié la hoja maldita por la mía.

Mi trabajo estaba hecho. Dejé la escena del crimen tan rápido como había llegado a ella. No se porqué, si lo peor ya había pasado. Supongo que es como apagar el foco de la cocina en la noche.

Mi calificación de las más bajas. Quería hacer justicia para todos. De todos modos yo nunca he sido creyente de las calificaciones. Mi razón principal, quería engañar al profesor, quería sentirme superior, quería hacerlo porque era divertido y satisfactorio. Esa fue mi última jugada a ese profesor, otra incluye a su esposa queriendo demandarme. Pero esa ya es otra historia.

viernes 27 de enero de 2012

Marc Green

Estaba enfermo. Reposo total, es lo que me había recomendado el doctor.
Ya llevaba tres días en cama, no me sentía del todo bien, pero no me sentía del todo mal. 

Al teléfono está mi tío, el policía de transito. Decía que en cinco minutos pasaba por mi, porque necesitaba ayuda.

Cuando una persona común necesita mi ayuda, difícilmente me siento intrigado. Pero cuando alguien con autoridad necesita mi ayuda, debe ser algo genial.

El vaso pasó a estar medio lleno. No me sentía del todo mal. Me puse zapatos, mi sombrero favorito y fui a la escena del crimen. Esperaba que fuera algo increíblemente desastroso. Siempre que camino por la calle, espero que ocurra un accidente de magnitudes apocalípticas, o al menos un choque, o alguien atropellado. Lo sé, me voy a ir al infierno. En cambio, me encontré con un trailer de doble caja, una camioneta verde, y un anciano con pinta de ser miembro de la banda ZZ Top.

Otro policía me saludó. Yo no podía dejar de ver al anciano. Estaba molesto, tenía un tic en la pierna derecha, otro tic en la mano. Una ceja se notaba por encima de sus Ray-Ban. Sus placas decían que era de Washington D.C. 

--Es un loco-- Dijo uno de los policías sin miedo a gritar. --Vamos a tener que llevarnos la camioneta, va a pagar una multa en la estación para que podamos devolvérselo.-- Me dijo mi tío. --Necesitamos que le digas eso, no entiende nada de lo que le decimos-- Agregó.

Bueno, ya me habían dicho que solo me ocupaban dos o tres minutos, no estaba sorprendido.

Saludé al viejo. Me dijo su nombre, y le dije el mío, bueno, algo así. Verán, cuando era pequeño jugábamos a intercambiar nombres, usar nombres nuevos, inventar personajes; yo simplemente no he podido parar. Cuando estás seguro de quien eres, puedes ser quien tu quieras.

Le dije cual era el problema, y el me dijo que estaba bien, pero que también quería que se llevaran el trailer.

La historia original es que el viejo zigzagueó en contra del trailer hasta hacerlo frenar. Porque el viejo es un anciano loco como los de las películas.

Lo que nadie sabía, o bien, nadie entendía, era que el trailer rozó el auto del viejo y así arrancó uno de sus espejos retrovisores. El viejo zigzagueó hasta que el conductor se detuvo.

Todo lo que quería era que le consiguieran un espejo retrovisor nuevo. Mi trabajo estaba hecho, yo ya me iba a terminar de reposar en cama.

Llamaron a la aseguradora. Ninguno de los agentes hablaba ingles. Me pasaron el teléfono y el hombre de la aseguradora me prometió $200 pesos si me quedaba a ayudar. Cuando uno es estudiante, $200 pesos es mucho dinero.

En lo que el agente llegaba, el viejo me contó como sobrevivió al cáncer tres veces, y como tenía 5 años viviendo después de la fecha que los doctores le habían dado como límite de vida. Era la persona más muerta que haya conocido, o la persona más viva. Cuestión de semántica. Me contó como perdió a todos sus amigos en la guerra de Vietnam. Todos los ancianos son un Cuevana de recuerdos.

Compré cuatro coca-colas con un billete de $500 pesos, insistió en que me quedara con el cambio.
Saqué a su perro de nueve años a hacer sus necesidades. A pesar de ser pequeña y vieja, ella era la que me llevaba a mi. Luego nos contó que es dueño de un hotel en San Carlos, Sonora. Estaba donde estaba porque necesitaba comprar una llanta.

Me invitó a ser su interprete personal, el hombre de la agencia me invitó a ser su interprete personal también. Mi tío y su compañero me pagaron $100 pesos por haberlos ayudado, sin saber que yo ya había recibido $500 del viejo y $200 del agente.

Y pensar que yo estaba enfermo.


domingo 8 de enero de 2012

La segunda vez que me asaltaron.

--¿Tienes lumbre?-- me dijo. Eché un vistazo rápido. Lo primero que noté fue el aroma podrido, no se había bañado en al menos dos días. Sus dientes amarillos, quebrados por alguna clase de pelea y mala higiene. El bigote y barba sin rasurar, aun así, no había mucho pelo facial; primero le calculé unos 20 años, pero luego noté marcas viejas de acné en su rostro. 26 años. Una sudadera blanca, llena de tierra, como si acabara de levantarse de alguna banqueta. Pantalones rotos, sucios también. Estaba sobre una bicicleta, se paraba sobre su pierna derecha, tambaleaba un poco. Luego, sus tenis nuevos. Esos tenis brillaban en contraste con el negro de la calle. Tenis Nike blancos, con una linea color azul metálico. Y lo que mas me aterró era que podía ver como se doblaba la punta del pie que tenía sobre el pedal, era desproporcionada con la figura del pie, no eran sus tenis. 

--¿Lumbre?-- Pregunté solo para ver como reaccionaba a mi voz. --Si, lumbre, pa' prender este cigarro.-- Respondió con las manos vacías. Metió su mano a la bolsa de la sudadera, sacó una navaja y un cigarro. Toda la sangre se me fue a los pies, estaba listo para correr. Luego guardó la navaja, tenía una cara de descontento. No se suponía que viera la navaja. Tal vez esos tenis eran recién robados y ahora yo era testigo. Le dije que no, y se fue, simplemente se fue.

Iba en camino a visitar a la que ahora es mi exnovia. Era un camino largo que caminaba la mayoría de los días de la semana. Bajo el sol, que ahora se estaba poniendo. 

Caminaba por el callejón mas estrecho y largo por el que he caminado. Medía unos 120 metros de largo y 3 de ancho. Difícilmente pasaba un auto. Sin banqueta. Solo una dirección a cual ir. Por suerte, o así lo parecía, yo iba a pie. 

Faltando unos 10 metros para llegar al final. Apareció mi viejo amigo en bicicleta, el hombre lumbre. Iba a toda velocidad hacia mi, no me moví, ni si quiera parpadee. Quería aparentar seguridad. Frenó justo frente a mi. Con la bicicleta de lado, sosteniéndose una vez mas sobre su pie derecho. --¡Ahora si morro, ya perdiste el celular!-- Gritó, mientras me tomaba de la camiseta. "Esto no me pasaría si trajera un encendedor", pensé.

26 años, de mi estatura, nudillos cicatrizados, una navaja; no tenía oportunidad. Mi mente entró en un estado zen. Como si estuviera a punto de morir. Estaba asustado, pero no entré en pánico. Podía pensar, todo era en cámara lenta, o al menos así lo veía yo. Mientras mas pensaba, y me daba cuenta de lo que estaba pasando, el mundo volvía a su velocidad normal. Noté que su mano estaba vacía, recordé que su zapato era gigante, y también que se tambaleaba. 

Lo empujé con todo mi cuerpo, mientras robaba su navaja de su sudadera. Cayó como un tronco. Corrí en la dirección contraria, que estúpido fui. Se levantó como si estuviera echo de ligas de hule. Solo rebotó, no se como. Tiré la navaja lo mas fuerte que pude. Esa cosa no iba a servirme de nada, si me alcanzaba, estaba seguro de que me la iba a quitar. Corrió detrás de mi, sin la bicicleta, que estúpido fue. Faltaba poco para llegar al final del callejón. Venía a toda velocidad, y ahora venía encabronado. 

Apenas salí del callejón, giré hacia la derecha. Tres segundos. Conté seis personas afuera, en un abarrotes, a una cuadra de distancia. Miré hacia el callejón y salté. Aun no se por que. Probé mi suerte como si "romperse" no estuviera en las posibilidades de mis huesos. Lo embestí. Caímos lejos de su bicicleta. Me levanté lo mas rápido que pude, con una rodilla adolorida, troté hacia el abarrotes, quise gritar por ayuda pero mi pecho también estaba lastimado. Como esas mañanas que descubres que toda la noche estuviste dormido boca abajo. 

Era lento, era el examen físico en primero de secundaria, todo de nuevo. Miré hacia atrás, el señor lumbre ya se había levantado. Con la cara raspada y la oreja derecha llena de sangre. Un solo ojo abierto. Mi problema era que el no cojeaba. Al ver esto, corrí. Ya nada me dolía. Cualquier raspón o herida que tuviera en ese momento, no iba a doler tanto como cuando me atrapara.

Si el mundo en su momento estuvo en zen, esto era todo lo contrario. Alguien le había puesto FastForward a mi situación. Me alcanzaba... y del cielo, a toda velocidad, un auto en la calle. Sentí su mano sujetar mi camiseta por detrás; y salté. Salté hacia un auto en movimiento para salvar mi vida. La segunda vez que hacía esto en mi vida, y mi tercera vez en el aire ese día. Di una vuelta en el suelo y logré ver como el había saltado en sentido contrario al mio, lo que cualquier persona en su sano juicio haría.

--¿Que te pasó?-- Me dijo un hombre mientras me daba una mano para levantarme. Me levanté. Llamé a emergencias, y me preguntaron si necesitaba una ambulancia. No respondí por algunos segundos, estaba revisándome. Podía respirar, no tenía más que un raspón en una mano, y la rodilla no tan adolorida. Solo enviaron una patrulla. Le dí tantos detalles a los policías que creo que no me creyeron, después de todo, no me habían quitado nada. 

Al final solo les pedí dos cosas, que me regalaran un encendedor, y que me llevaran a donde iba.

viernes 6 de enero de 2012

Escuela.

Estoy escribiendo al azar en caso de que no haya escrito por estar pensando en esperar el momento correcto y no solamente hacerlo.

No está funcionando. La escuela no me deja pensar. Aun no estoy en clases pero pronto lo estaré.

Voy a tener que lidiar con maestros cuyo coeficiente intelectual está decenas debajo del tuyo. Con las tareas que dejan solo por ocupar tu tiempo. Lidiar con su terrible carácter, causado por el bullying que sufrieron causado por un primer nombre o apellidos ridículos, causado también por no poder hacer lo que realmente estudiaron porque nunca les gustó, y ahora tienen que enseñarlo. Ya saben, como ese dicho de
"El que puede hacerlo, lo hace. El que no puede hacerlo, lo enseña."
 ¡Oh esos malditos! Lo peor es que este año también me propuse ser el mejor alumno, y a diferencia de años pasados, voy a intentar sacar una calificación digna de mis conocimientos. Voy a tener que descifrarlos, ser amable y hacer todo lo que piden como si se tratara del servicio militar nacional. O tal vez no, tal vez voy a encontrar su peor debilidad, hacer lo que quiera y asumir la calificación que me deja el sistema escolar. Siempre me pasa.

"Debería quemar la escuela." Dijeron todos, siempre.

Dicen que los alumnos hacen la escuela. No es cierto. Los maestros hacen la escuela, y debería de quedar claro. Si un alumno es malo, el sistema debería de encargarse de eliminarlo. No enviar espías detrás de su irresponsable trasero, pero sacarlo de la escuela, que vaya a una apta para tal. Pero no, si un alumno es malo, y un maestro es malo, no importa el sistema, el alumno se quedará. Y nosotros seremos chivos expiatorios.

¡Ah, no puedo quejarme! Soy el peor alumno, no hago tareas, no respeto a los maestros, lo acepto, no me gusta la escuela para nada. Voy a la escuela porque cuando quise un trabajo aceptable, me pidieron un documento que probara mis "estudios superiores", era apto, tenía el talento, tenía todo lo que se necesitaba menos ese papel. Aun con todo esto, el sistema falla en expulsarme. Soy una neurona de Jack. Yo doy todas las ideas pero el cerebro en general recibe todo el crédito. Me reconocen por los errores de las neuronas de Jack, cuando yo no cometo ninguno.

¿Cuál era el tema principal? ¡La escuela! Ese segundo hogar en el que vivo con mis padrastros y hermanastros. ¿Saben qué? Haré una lista de las cosas que no están bien con las escuelas.

  1. Maestros que no saben enseñar.
  2. En consecuencia con lo anterior, cualquier tarea que dejen estos maestros.
  3. Si hubiera tomado café, esta sería otro elemento inteligente, y habría seis o siete más. Pero no hay.
La escuela limita mi potencial creativo. Con el tiempo que me deja, no puedo inventar el siguiente Facebook, diseñar el siguiente Angry Birds, o volverme detective consultor.

Algún día conseguiré una excusa lo suficientemente buena como para dejar la escuela, hacerme millonario o empezar a hacerme millonario, o algo así. Solo espero que sea dentro de 10 días.

lunes 2 de enero de 2012

Antes.

Acabo de eliminar un borrador que escribí ayer. Era pésimo. Es fácil saber que era pésimo, pues si hubiera sido bueno, hubiera sido publicado.

Hablaba de como me estoy quedando ciego. No ciego como en "no ver", ciego como en "no observar". Solía analizarlo todo, cada evento, cada objeto, cada persona. Era un abductor crónico. Diría deductor, pero pueden googlear mis razones.

Solía subirme a un autobús lleno, y saber donde estar poder sentarme. ¿Quién sería la siguiente persona en pararse? Me preguntaba. Se delataban fácilmente, las personas tienen la necesidad de gritar con sus acciones cuando están en lugares públicos.

Cuando la gente me atacaba verbalmente, no tenía piedad en buscar su más grande temor, su más grande vergüenza y usarla a mi merced. Cuando me atacaban físicamente, no tenía tanta suerte. Pero con música se calman las bestias. De la misma forma, las palabras correctas calman a los bestias.

Meterme en problemas y salir de ellos era cosa diaria, era mi más divertido y grande juego. Sabía exactamente que hacer, o así lo parecía.

¿Notaste que ella caminaba sin hacer ruido? Pisando como si no quisiera existir. Aun así era veloz. ¿La expresión en su rostro? Cejas hacia arriba, pupilas completamente visibles, las comisuras de los labios hacia abajo. Tenía miedo. ¿Cómo sujetaba el bolso? De seguro iba a polvearse la nariz. ¿La alarma de ese negocio sonando desde hace un rato? Los detalles más grandes son los que siempre se me escapaban.

Mi punto más alto en ésta locura de hobbie seguramente fue cuando me esmeré en aprender micro-expresiones, expresiones faciales, expresiones corporales, decepción; todo tipo de señales ocultas en el cuerpo que delataban a las personas en sus momentos de más poco cuidado.

Era una máquina comedora de detalles triviales, llenando mi hambre de predecir. No lo sabía, pero hay cosas que no vemos hasta que pensamos en reversa. Justo ahora, pensando en reversa, creo que quería ser capaz de adivinar el futuro. No de la manera que Nostradamus, los mayas, o la virgen de Fátima lo hicieron, no me interesaba saber cuando se acabaría el mundo, para mi el mundo ya había terminado. Un evento cualquiera, sin saber en cuanto tiempo pasaría tal. Un resultado que aun no ocurría, pero yo había relacionado con eventos ya ocurridos. Después de todo, todo ya pasó, todo ya se inventó, y si repites los mismos eventos, volverán a pasar, se volverán a inventar.

Y así como suena, me volvía loco. Podía sentarme durante horas, perdido en mi imaginación. Ordenando hechos, descubriendo por qué algunas cosas resultaron como resultaron. Un eterno ritual que la gente común solo hacía en la ducha. Ahora que lo pienso, tenía demasiado tiempo para pensar. Perdía noción del tiempo por completo. Pedazos de tiempo importantes que no recordaría. "Mi memoria escoge con que quedarse, no yo" decía siempre. Me acordaba de detalles de una manera tan clara que parecía que estaba todo volviendo a pasar. Pero todo era trivial, nada de lo que me acordara tan perfectamente era importante en ningún sentido, solo para saciar mi hambre de abducción. Para los momentos importantes necesitaba de otras personas que estuvieran ahí, contándome sus vivencias mientras yo intentaba ubicarme en el tiempo y lugar correctos. Era desastroso.

A fin de cuentas, creo que como mecanismo de defensa por parte de mi cuerpo. Mi memoria dejó de ser, de alguna manera, perfecta. Mi memoria eidética perfecta se había ido. Se convirtió en algo nada diferente a la memoria común. Mis ojos se volvieron débiles, perdieron la capacidad de observar detalles triviales que llevaran a conclusiones importantes. No tengo más perdidas de memoria, no tengo más alucinaciones. Tal vez solo estoy falto de práctica. O tal vez no quiero volver a eso. Pero si yo fui todo eso, y solo eso, ¿ahora que soy?

jueves 29 de diciembre de 2011

Todos creemos.

  • Ahora todo el que tiene una Nikon se cree fotógrafo.
  • Todo el que sabe usar un poco Adobe After Effects se cree especialista en efectos especiales.
  • Todos aquellos que tienen cuenta en Twitter, Facebook y Foursquare al mismo tiempo se creen expertos en social media.
  • Toda persona que tiene un paper.li se cree periodista.
  • Todos los que respiramos creemos que estamos vivos.
Sugieran más cosas para esta lista.